Si nos ponemos a pensar, somos impacientes en cada aspecto de la vida, pero sobretodo en crecer. Queremos nuestra independencia, nuestra emancipación, nuestra libertad, nuestras decisiones, nuestras equivocaciones...
Tenemos ese ansia por descubrir lo que no hemos averiguado todavía que lo queremos inmediatamente. Queremos conducir. Queremos irnos de casa. Queremos estudiar. Queremos amar. Queremos que nos amen. Queremos sexo. Queremos amigos. Queremos que nos escuchen. Queremos escuchar. Queremos salir. Queremos quedarnos en casa. Queremos viajar. Queremos aprender idiomas. Queremos ir de fiesta. Queremos emborracharnos. Queremos drogarnos. Queremos reír. Queremos llorar. Queremos ser felices. Queremos sufrir.
Y todo debe ser ya, es imposible esperar. Sin darnos cuenta estropeamos todas esas cosas preciosas que deberían pasar, la primera vez que conducimos, cuando nos fuimos de casa, cuando estudiamos, cuando amamos, cuando nos amaron, cuando tuvimos sexo, cuando abrazamos a nuestros amigos, cuando nos escucharon, cuando escuchamos, cuando salimos, cuando nos quedamos en casa, cuando viajamos, cuando aprendimos idiomas, cuando nos fuimos de fiesta, cuando nos emborrachamos, cuando nos drogamos, cuando reímos, cuando lloramos, cuando fuimos felices, cuando sufrimos... Todo pasó tan deprisa que apenas pudimos aprender algo de todo. Y cuando ya hemos experimentado algo queremos repetir lo mismo y ya no es tan sencillo.
No valoramos lo que tenemos y lo derrochamos y menospreciamos. Todo por ese ansia, por esa impaciencia.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada